lunes, 11 de mayo de 2015

La literatura hebrea

Las más antiguas manifestaciones de la literatura hebrea se encuentran en el conjunto de libros sagrados que forman el Antiguo Testamento. Por el trascendental valor que estas obras tienen para los judíos y para los cristianos han sido traducidas, en el conjunto de las Sagradas Escrituras, a casi todos los idiomas y editadas infinidad de veces, con lo que se convierten, en su conjunto, en la obra literaria más difundida en el mundo.

Su carácter eminentemente religioso no impide que encierren elevados tesoros literarios. Los escritos del Antiguo Testamento se redactan en un amplio periodo que se extiende desde el siglo xv hasta el n a. de J.C.; junto con los del Nuevo Testamento, escritos en griego, forman la Biblia, que en dicho idioma significa «los libros».

Los caracteriza la escasa entidad de lo fabuloso y lo fantástico, a diferencia de los libros sagrados de otras religiones, aunque estén impregnados de la noción y el sentido de la divinidad.

Junto a libros históricos, como el atribuido a Moisés, o los de los Jueces y los sobre la historia del pueblo judío, se hallan relatos de sucesos particulares, como el de  

No faltan obras de intenso lirismo, como los Salmos, para ser cantados, con el característico paralelismo de las sentencias, o el simbólico y elevado Cantar de los Cantares. atribuido a Salomón, no exento de cierta sensualidad. Innegables valores humanos, junto a una filosofía de la vida, encierra el de Job, mientras que son eminentemente didácticos los de los Proverbios y de la Sabiduría.





La literatura hebrea posbíblica está compuesta de varios textos apócrifos y por comentarios al Antiguo Testamento. Las obras más importantes, escritas en el siglo II d. de J.C,, son la («repetición»), ordenación de los preceptos de la ley hebraica, y el Talmud («enseñanza»), examen crítico de las fuentes bíblicas, con narraciones breves intercaladas. Existe del Talmud una edición hecha en Palestina y otra en Babilonia.

A raíz de la conquista romana, e incluso desde mucho antes, se produce la dispersión del pueblo judío, y su literatura se resiente mucho de ello. Durante varios siglos habrá que buscar las manifestaciones literarias en países alejados de Judea.

Sobremanera floreciente durante la Edad Media es la literatura hebraicoespañola, desarrollada gracias a las favorables condiciones en que viven los judíos en España, tanto en los reinos musulmanes como en los cristianos. Los judíos se presentan como excelentes médicos, historiadores, geógrafos y escritores.

Bajo la protección de Hasday ibn Shaprut (915-970), médico de Abderrahmán III, se inicia en España (Sefarad) la literatura en lengua hebrea. Entre los primeros poetas cabe citar a Menahem ibn Sharuq (910-970), excelente lexicógrafo, Dunash ibn Labrat (¿920-980?), introductor de la métrica árabe en la poesía hebrea, y Samuel ibn Negrella (993-1056), visir del rey de la taifa de Granada, autor de poesías sagradas y profanas.



El siglo XI está lleno de grandes figuras. Selomoh ibn Gabirol (1020-1058), llamado Avicebrón, es, además de poeta de profundo acento religioso, filósofo neoplatónico. A Mosheh ibn Ezra (¿1060-1138?), lírico profano y religioso, se debe una poética, cuyo mayor mérito consiste en contener una historia de la literatura hebraicoespañola, utilísima fuente de información. De contenido religioso también es la obra de Yehudá ha-Leví (1075-1161), mientras que Abraham ibn Ezra (1092-1167) se distingue como científico y viajero.

Figura de primera magnitud en la historia del pensamiento medieval es Mosheh ben Maymón o Mai-mónides (1135-1204), filósofo y médico sefardí, el cual difunde el aristotelismo entre los judíos de la Europa occidental con su Moreh Nebukim (Guía de perplejos, 1190). Codificó el derecho talmúdico de manera magistral en su Mishné Torah (Segunda Ley).

Las sucesivas invasiones de los almorávides y de los almohades en los territorios musulmanes, así como el crecimiento del sentimiento antijudío en los reinos cristianos, provocan la decadencia de la literatura hebraicoespañola, que no cuenta desde el siglo XIII con figuras de relieve, aunque tuvo bastantes cultivadores.

De los demás países en que existían comunidades judías, el más destacado es Italia, si bien las principales obras son algo tardías. Así, pertenece al siglo XIV Immanuel ben Sehlomoh, poeta amoroso influido por el stil nuovo de Italia. En el idioma literario de este país escribe el portugués Yehudah Abra-banel, más conocido por León Hebreo (14607-1520), sus Dialoghi d' amore (Diálogos de amor, 1535), de enorme importancia en la concepción amorosa renacentista.

Tras varios siglos de letargo, se aprecia un renacimiento de la conciencia judía, que produce el florecimiento de la literatura, bien que tímido al principio. El centro cultural de la diáspora se ha desplazado de los países mediterráneos a Alemania y la Europa oriental.

El resurgimiento lleva consigo la renovación lingüística, con la vuelta al hebreo clásico, y el replanteamiento religioso, con la modernización del judaismo. En este aspecto tiene enorme importancia la labor del filósofo Moses Mendelssohn (1729-1786) y de Neftalí Herz Wessely (1725-1805).

En el siglo XIX sobresalen el prosista Mendele Mojer Serafim (1836-1917), apellidado en realidad Abramo-vitz, autor de relatos sobre la vida de los judíos en la Europa oriental, y los poetas Hayyim Nahmán Bialik (1873-1934), de inspiración religiosa, y Saúl Chernijovski (1875-1943), que realiza la fusión de la cultura judía con la cultura occidental y es considerado el precursor de la moderna poesía judía.



Con la creación del Estado de Israel se da un nuevo impulso al estudio de la lengua y al cultivo de la literatura. Si bien los escritores son numerosos, no han tenido difusión a escala internacional en la mayoría de los casos. Con todo, alguno ha alcanzado renombre universal, como el prosista Semuel Josef Agnon (1888-1970), autor de relatos sobre la vida de los judíos en su Galitzia natal y sobre la colonización de Palestina y asentamiento del Estado de Israel; la labor literaria de Agnon fue premiada en 1966 con el Nobel de Literatura. Entre los poetas actuales en Israel ocupa un lugar preferente Nathan Altermann (n. 1910), maestro de toda una generación de jóvenes poetas.

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