miércoles, 11 de noviembre de 2015

El uso y la traducción del Artículo en el Inglés

Hace poco estuve en unas jornadas llamadas inglés para empresas Madrid, en las que participaban varias academias de ingles en Madrid para preparar el first. En ellas nos enseñaban, entre otras cosas, el uso de los artículos. 

En el uso del artículo se producen grandes y frecuentes discrepancias entre el inglés y el castellano, a pesar de que ambas lenguas tienen sistemas similares. Dejando de lado variaciones estilísticas, hay varias diferencias de uso que, por su frecuencia, suelen provocar interferencias en las traducciones. Veremos a continuación dos casos de transformación del artículo indefinido -inglés (en uno se omite y en otro se convierte en artículo definido en castellano) y el caso de su no utilización en inglés (donde el castellano emplea el artículo definido).

En inglés, a diferencia de lo que ocurre en castellano, se utiliza el artículo indefinido ante un predicado genérico: « a teacher» («es maestra»). Sin embargo, en castellano es posible utilizar en ocasiones el artículo indefinido para hacer una sutil diferencia:

She is a Bolshevist and nothing else.
Es una bolchevique y nada más.
Life is a dream.
La vida es sueño.
Life is a dream.
La vida es un sueño.

Según Wandruszka, «con el substantivo predicado sin artículo adjudicamos al sujeto una determinada categoría y con el artícu­lo sugerimos una forma o figura». Utilizado de este modo, el artículo desempeña su papel esencial, que es, como dice Emilio Alarcos, «una singularización de un objeto cualquiera de entre los de la clase designada por el sustantivo, o bien de una porción o variedad cualquiera de lo que denota este».82 Se trata de una posibilidad que no existe en inglés, que coloca el artículo en ambos casos. La individualización se hace patente —y, en castellano, el artículo se vuelve necesario— cuando el sustantivo va acompañado de un adjetivo: «He is a good doctor» («Es un buen médico»).
Otro caso habitual de interferencia en el uso del artículo indefi­nido es en las aposiciones predicativas.

When I was a young girl, I used to play the piano.
De joven tocaba el piano.
Had she been an Englishwoman, she would haue expected him to play
the organ on Sunday and help her bottle jam.

De haber sido inglesa, habría esperado de él que tocara el órgano los
domingos y la ayudara a meter la mermelada en tarros.
Tampoco se utiliza en castellano cuando en inglés se encuentra ante «hundred», «thousand» ni ante «certain», una incorrección muy exten­dida en castellano. Ni tras «such» {«such a crime»), «what» (exclamativo: «what an interesting book»), «as» (para denotar función o comparación: «he disguised himself as a Moor»), «of» «what a demon of a man»).
Otros ejemplos de divergencia, citados por García Yebra, se producen en una multitud de dichos y expresiones fijas («an eye for an eye», «to take an oath»).
Hablando del artículo indefinido, la recomendación que hace García Yebra a quienes traducen del inglés al castellano es:

muy pocas veces será correcto dar al artículo indefinido, antepuesto sistemáticamente por el inglés [...] al predicado genérico y a la aposición predicativa, un equivalente formal con el uso de nuestro artículo indefinido. En general, siempre que haya duda sobre si debe usarse o no el citado artículo, será mejor omitirlo.

Por otra parte, son muchas las ocasiones en que el artículo indefinido del inglés no debe transformarse en un artículo indefinido en castellano, que más que un artículo las gramáticas consideran un cuantificador o un adjetivo. En lugar de utilizar el cuantificador impreciso, el castellano tiende a marcar la determinación.

A poet must have talent.
El poeta tiene que tener talento.

It has been my habit for many years to take a nap after lunch.

Desde hace muchos años tengo la costumbre de dormir la siesta después de comer.

Soviet experts at a migration conference organised by the Council of Europe in Vienna in January reckoned that perhaps 2m people would apply to leave in 1992 and the same number the following year.

En la conferencia sobre emigración organizada en Viena por el Consejo de Europa en el mes de enero, los expertos soviéticos reconocieron que unos 2 millones de personas podrían solicitar salir del país en 1992 y otros tantos al año siguiente.

A belief in immortality and physical resurrection was central to Egyptian religión, both to the sun worship ofearly periods and to the later cult of Osiris.

La creencia en la inmortalidad y la resurrección física fue un elemento central en la religión egipcia, tanto en la adoración del sol de las primeras épocas como en el posterior culto a Osiris.

En esta última frase encontramos varios ejemplos de otro caso de divergencia: la omisión del artículo en inglés donde el castellano prefiere utilizar el artículo definido. Esta omisión se produce en inglés con mayor facilidad cuanto más general es el concepto en cuestión.

También se produce ante tratamientos, cargos y títulos profesionales (cuando no están situados en aposición): Mr Brown is here, « Justice Smith carne in», « Professor Phillips said so».

Así como en expresiones preposicionales, como algunas que preceden a sustantivos que indican lugares específicos (« church», «frorn work») o tienen una función adverbial («at night», «at noon»)

Y ante nombres de personas o nombres geográficos con adjetivo («Old Joe», «el viejo Joe»; «French Morocco», «el Marruecos francés»). Cuando los nombres geográficos no llevan adjetivo, algunos países aún conservan el artículo o muestran cierta oscilación en su uso debida quizá a la influencia no sólo del inglés sino también del francés («the States», «Estados Unidos», «los Estados Unidos»; en este último caso, con el verbo construido en plural); sin embargo, la tendencia general es que lo pierdan (por más que algunos topónimos se resistan a ello: «el Líbano», «la India»). Por otra parte, la regla que rige en castellano la elección de un artículo masculino o femenino en los casos de nombres geográficos acompañados de algún complemento o adjetivo es la siguiente: son femeninos todos los nombres acabados en a átona.

Tampoco se utiliza el artículo en inglés, a diferencia del castellano (que sí que lo exige, ya sea definido o indefinido), ante la expresión de porcentajes.

El inglés, por último, utiliza con mucha frecuencia la ausencia de artículo en el plural de cantidades indeterminadas, donde en castellano es necesario el artículo definido:

Molecules are clusters of two or more atoms.
Las moléculas son grupos de dos o más átomos.

Comentando el gran partido que saca el inglés de la ausencia de artículo, Wandruszka comenta que no deja de ser curioso que, siendo el inglés en tantos aspectos «la más “moderna’ de nuestras lenguas», haya conservado aquí los usos medievales y latinos. Y explica este rasgo «conservador» por la tendencia de esta lengua a la brevedad y la inmediatez.


Tanto García Yebra como Wandruszka ofrecen, en las obras citadas, abundantes ejemplos de éstas y otras discrepancias.

jueves, 22 de octubre de 2015

La literatura inglesa en el Siglo XIX

Los primeros versificadores románticos ingleses, Samuel Taylor Coleridge (1772-1834) y William Word-sworth (1770-1850), reciben el calificativo de «lakistas» o «poetas de los lagos» por haber Vivido en una región de Escocia en la que abundan. Su obra guarda bastante semejanza, e incluso publican conjuntamente un libro de Lyrical Ballads (Baladas líricas, 1798), primera muestra de la poesía romántica en Inglaterra. Ambos cultivan la antigua balada y cantan a la naturaleza.

El más excelso romántico es George Gordon, lord Byron (1788-1824), aristócrata de vida agitada que viaja por Europa y termina su vida en Grecia, a favor de la cual lucha durante la guerra greco-turca. En 1807 edita su primer libro de poemas, Hours Idleness (Horas de ocio), en su mayor parte traducciones o imitaciones de autores clásicos. Su primer poema largo, Childe Harold's Pilgrimage (La peregrinación de Childe Harold, 1812-1818), narra las aventuras del héroe en distintos países, entre ellos España, de la que ofrece una visión un tanto exagerada, muy del gusto de la época. Son particularmente conocidas sus leyendas en verso, como The Bride Abydos (La novia de Abidos, 1813) y The Corsair (El corsario, 1814). Deja incompleto el largo poema Don Juan, empezado en 1819, que contiene abundantes digresiones de índole personal. Byron, como típico representante del Romanticismo exaltado y revolucionario, rebosa agilidad, exotismo y desenfado, a los que suma en ocasiones cierto acento pesimista y anárquico.

Errabunda es también la existencia de Percy Bysshe Shelley (1792-1822), amigo del anterior. Sus escritos, subversivos de los valores establecidos, le obligan a salir de Inglaterra y a recorrer diferentes naciones europeas. Su poesía, de fondo social y filosófico, resulta muy elevada en ocasiones. Entre sus mejores obras pueden citarse The Revolt of Islam (La rebelión del Islam, 1818), Prometheus Unbound (Prometeo libertado, 1819), The Skylark(La alondra, 1821) y Adonais (1821), sentida elegía a la muerte de su amigo Keats.

John Keats (1795-1821) completa la terna de los grandes poetas románticos ingleses. Como los anteriores, ‘sale de su patria y viaja por Europa. Le distinguen la tristeza o suave melancolía de sus composiciones, entre las que resalta (1818), sobre el mitológico enamorado de la Luna.

Los poetas posteriores no pertenecen a tendencia determinada, y puede dárseles el calificativo de posrománticos. Se exceptúan los prerrafaelistas.

El más destacado de los primeros, Alfred Tennyson (1809-1892), alcanza éxito enorme y se convierte en una especie de vate oficial. Su producción, grandilocuente y de acentos clásicos, se reparte en varios libros de Poems (Poemas). Una de sus obras más características, los Idylls of the King (Los idilios del rey, 1859), trata del rey Artús y los caballeros de la Tabla Redonda.

Más íntimo y subjetivo, Robert Browning (1812-1889), cultiva una poesía honda y personal, que resulta hermética en ocasiones. Una de sus obras más conocidas es The Ring and the Book (El anillo y el libro, 1868-1869). La lírica de su esposa, Elizabeth Barrett (1806-1861), explota lo autobiográfico con inspiración meridional, y emplea especialmente el soneto: Sonnets from the Portuguese (Sonetos de la portuguesa, 1850).

La escuela prerrafaelista, que busca la vuelta a la sencillez y a la sinceridad en pintura, se manifiesta en la literatura, gracias sobre todo al pintor Dante Gabriele Rossetti (1828-1882), de estro italiano, y a su hermana Christina Georgina (1830-1894), autora de poemas de intensa religiosidad y vigoroso lirismo.



Otros poetas del último tercio de siglo dignos de ser citados son Algerson Charles Swinburne (1837-1909), de gran sensualidad, Gerard Manley Hopkins (1844-1889) y Francis Thompson (1859-1907), ambos de acentos filosóficos.



La novela romántica tiene a su más excelso cultivador en el escocés Walter Scott (1771-1832), maestro indiscutible en el género de la novela histórica. Inicia su actividad literaria con poemas sobre hechos pasados y leyendas en verso, como la titulada The Lady of the Lake (La dama del lago, 1810); pero pronto redacta novelas, en las que combina sabiamente elementos reales e imaginarios, y crea tipos humanos de mucha intensidad. Entre sus numerosos escritos novelescos descuellan The Antiquary (El anticuario, 1816), Rob Roy (1818), Ivanhoe (1820) y Quentin Durward (1823), su obra maestra. En los últimos años de su vida escribe novelas breves, de menor interés. Walter Scott, modélico en un género que se desprestigia un tanto por los excesos en que incurren sus cultivadores, es una de las figuras culminantes de la prosa inglesa.



Entre los muchos novelistas de historia figura en lugar prominente Edward Bulwer-Lytton (1803-1873), famoso por The Last Days Pompeii (Los últimos días de Pompeya, 1834).



Más realista es Charles Dickens (1812-1870), el segundo de los grandes escritores en prosa del siglo xix. Nacido en el seno de una modesta familia, y tras sufrir en su adolescencia penalidades, que se reflejan en varios de sus libros, Dickens se transforma en el novelista más famoso de su época en los países de habla inglesa. Su actividad traza un gran cuadro de la vida inglesa de su tiempo y crea una serie de tipos humanos inolvidables. Su obra es muy rica y algunos títulos han alcanzado fama especial, como Posthumous Papers     of Pickwick    Club (Los papeles postumos del club Pickwick, 1837-1839), The Adventures of Oliver 7'wist (Las aventuras de Oliver Twist, 1837-1838), The Oíd Curiosity Shop (Almacén de antigüedades, 1840), A Christmas Stories (Cuentos de Navidad, 1843), David Copperfield (1849) y Times (Tiempos difíciles, 1854). Algunas de estas narraciones se publican por entregas, como folletines, en periódicos.

William Makepeace Thackeray (1811-1863), conocido sobre todo por su Vanity Fair (La feria de las vanidades, 1846-1848), tiene una obra muy copiosa. En la novela mencionada efectúa una sátira, despiadada en ocasiones, de la sociedad inglesa y crea tipos muy acertados, especialmente el de la protagonista, Becky Sharp.

Uno de los casos más curiosos en la historia de la literatura es el de las hermanas Bronté, Charlotte (1816-1855), Emily (1818-1848) y Anne (1820-1849). La primera escribe Jane Eyre (1847), novela en parte autobiográfica, y Emily Wut Heights (Cumbres borrascosas, 1847), popularizada por el cine, en la que, bajo forma realista, se agitan pasiones románticas. Menor interés tiene Anne, autora, entre otros libros, de The Tenant ofWildf Hall (El arrendatario de Wildfell Hall, 1848).

Novelistas de fama y mérito son George Eliot, seudónimo de Mary Ann Evans (1819-1880), de acento viril y hondura psicológica en Adam Bede (1859) y Silas Marner (1861); Lewis Carroll (1832-1898), nombre literario del matemático Charles Dodgson, a quien se debe     Alice's Adventures in Wonderland(Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, 1865), «pensada para los mayores, que se ha convertido en ciño de los más populares libros infantiles, y Robert Louis Stevenson (1850-1894), autor de novelas de Aventuras, como Treasure Island (La isla del tesoro, ¿883), y de uno de los más célebres relatos de terror, d'he Strange Case ofDoctor Jekyll and Mr. Hyde El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, 1886).

 Mención aparte merece el novelista y poeta Thomas Hardy (1840-1928), cuya producción se encuentra a caballo entre dos siglos. Entre sus numerosas narraciones se destaca Far from the Madding Crowd (Lejos de la multitud, 1874). Como poeta, canta con lirismo liencillo la naturaleza y lo cotidiano. c La prosa ofrece grandes cultivadores en el ensayo: Thomas Carlyle (1795-1882), moralista amargado e crónico; el cardenal John Henry Newman (1801-1890), y John Ruskin (1819-1900), crítico de arte, que se recrea en la belleza de las cosas diarias.

El iniciador del teatro moderno en Inglaterra, el rlandés Oscar Wilde (1854-1900, fustiga la hipocresía y mediocridad de la sociedad de su época con estilo fluido y brillante. Sus comedias más conocidas son Lady Windermere's Fan (El abanico de lady Winermere, 1892), A Woman of No Importance (Una mujer sin importancia, 1893) y The Importance deing Earnest (La importancia de llamarse Ernesto, (895), traducida también por La importancia de la seriedad. Entre sus prosas descuella The Picture Dorian Gray (El retrato de Dorian Gray, 1890). 

A pesar de pertenecer en parte al siglo XX, conviene citar aquí a James Barrie (1860-1937), que compone comedias satíricas al estilo de Wilde, como The Admirable Crighton (El admirable Crighton, 1903). Barrie rrea el personaje de Peter Pan y el mundo fantástico en que se desenvuelve. Pretende ser una crítica de las costumbres y, como tantos otros escritos de la misma intención, ha quedado como relato para niños, popularizado por el cine. ( Si bien George Bernard Shaw (1856-1950) vive hasta mediados de la centuria presente, su teatro pertenece a la anterior. Irlandés como Wilde, alcanza pronto fama de personaje extravagante e ingenioso. Su espíritu cáustico se pone de manifiesto en sus comedias, en las que satiriza las costumbres de su época con piezas tan celebradas como Mrs. profession (La profesión de la señora Warren, 1894), The Doctor's Dilemma (El dilema del doctor, 1906) Pygmalion(Pigmalión, 1912), por no citar más que algunos de los muchos títulos que dio a la escena.

Es autor también de ensayos y artículos sobre literatura, política y música. Por el conjunto de su obra recibe el Premio Nobel de Literatura en 1925.

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sábado, 10 de octubre de 2015

Significado y traducción del Inglés

Hace poco, contraté a un profesor de inglés llamado Louis, el objetivo era recibir unas clases de ingles a domicilio madrid, pero resultó ser un experimentado traductor. me recomendó unos techos para entender mejor el mundo del inglés y la dificultad de traducir textos. De ahí que en este blog vayamos a tratar en los siguientes artículos, la temática de la traducción.

La naturaleza del lenguaje —y la posible correlación entre lenguaje, pensamiento y mundo— es uno de los problemas tradicionales de la reflexión filosófica desde la antigüedad. Los debates acerca de si los nombres están naturalmente relacionados con las cosas o son convenciones, acerca de las relaciones que existen entre el nombre y lo nombrado, entre el nombre y los estados mentales o entre el nombre y aquello que está en el mundo, forman parte de un debate en apariencia inagotable: qué atributos fenomenológicos, epistemológicos y lógicos tiene el lenguaje, en caso de tenerlos, y cómo vincular dichos atributos con la estructura inteligible de la realidad, en el supuesto de que podamos hablar de tal cosa. La distinción que establecieron los estoicos entre aquello que significa aquello que es significado) y el objeto externo (o las especulaciones de Agustín de Hipona respecto a la forma de comunicación de Dios con Adán y Eva en el jardín del Edén serían sólo dos ejemplos de esta preocupación secular por la naturaleza y la función del lenguaje y su posible incardinación en la estructura de la realidad.


Por supuesto, estos temas superan ampliamente el ámbito del presente manual, pero, aun arriesgándonos a caer en una simplificación y un esquematismo excesivos, queremos tratar algunas cuestiones que subyacen a cualquier reflexión traductológica. A veces, tiende a hacerse caso omiso de ellas, como si la práctica de la traducción pudiera considerarse una realidad independiente de cualquier marco teórico general sobre el lenguaje; otras, a privilegiarse una determinada «teoría de la traducción» sin establecer no sólo la conexión entre ésta y la tarea del traductor, sino entre ésta y el contexto filosófico en el que se inserta. En cualquier caso, si consideramos que los dos pilares básicos del proceso de traducción son la comprensión y la expresión, es decir, la interpretación de un texto en una lengua y su reformulación en otra distinta, resulta fundamental señalar algunos modelos explicativos del lenguaje y algunos rasgos de su funcionamiento, en la medida en que la actividad del traductor se enfrenta al doble problema de una correspondencia entre dos sistemas concretos de lenguaje natural —entre dos lenguas—, y de una correspondencia entre estos sistemas de lenguaje y una posible realidad externa —el mundo, los objetos, las cosas, etcétera—, que estaría situada entre los dos o sería creada por los mismos sistemas, según el valor que se conceda a la propia actividad lingüística. En este sentido, las dificultades de definición de la traducción están muy relacionadas con las dificultades que tiene la aproximación al lenguaje en general, por lo que las teorías sobre el lenguaje pueden ayudar al traductor a entender los límites de su propia práctica, límites no sólo determinados no sólo por su habilidad, sino también por el mismo carácter inasible que parece tener el lenguaje para muchos filósofos, antropólogos y lingüistas.

Ni que decir tiene que la aproximación filosófica al lenguaje no se agota con lo que expondremos a continuación. Desde una perspectiva histórica, la filosofía del lenguaje se ha desarrollado primariamente dentro de lo que se ha denominado la «concepción analítica de la filosofía»,26 aunque existen también importantes corrientes de orientación hermenéutica, cuya filiación se remonta a Heidegger. Entre las diversas críticas a los presupuestos generales de la concepción analítica destaca de modo particular Richard Rorty, que se ha centrado en el ataque a los conceptos de verdad y representación que subyacen al discurso analítico.

domingo, 9 de agosto de 2015

La literatura latina en la época republicana


Aunque la República en Roma es muy anterior, suele denominarse literatura republicana a la producida en el siglo i a. de J. C., inmediatamente antes del establecimiento del Imperio. Este período se denomina también «ciceroniano», por vivir en él el mayor prosista latino.
En esta época se cultiva en esencia la prosa. No obstante, escriben en ella algunos poetas, entre los que descuellan Lucrecio y Catulo. Tito Lucrecio Caro (¿96-53? a. de J.C.), de vida poco conocida, es autor de un vasto poema científico y filosófico, De rerum natura (De la naturaleza de las cosas), inacabado. En versos rudos y poco limados, expone sus ideas de fondo epicúreo, sobre moral, física y religión.





Cayo Valerio Catulo (¿87-54? a. de J.C.), poeta culto y refinado, prefiere las composiciones, influidas por los poetas alejandrinos, de tema erótico y sentimental, obscenas en ocasiones. Las más conocidas son De nuptiis Pelei et Thetidos (Las bodas de Tetis y Peleo o Epitalamio de Tetis y Peleo) y Coma Berenice (La cabellera de Berenice), imitación de un poema griego de Calimaco.

Representa el punto más cimero de la prosa latina la obra de Marco Tulio Cicerón (106-43 a. de J.C.). Hombre de amplísima cultura, viaja por Grecia y Asia Menor, donde se pone en contacto con la filosofía y la civilización griegas. Interviene en la política con tendencia conservadora. En prosa cuidada y viva, de construcción armónica y lengua correctísima, traza su obra, muy amplia, que abarca diversos temas. Como abogado realiza varias defensas públicas. Ligadas a su actividad política se encuentran las célebres Catilina- rias (63), cuatro discursos contra Catilina, las Filípicas (44), contra Marco Antonio, y varios tratados, como el De legibus (De las leyes, 52) y De república (54-51). De pensamiento filosófico y moral son los diálogos De amicitia (De la amistad). De senectute (De la vejez), al modo de Platón, y las famosas Tuscu- lanae (Tusculanas), los tres pertenecientes al año 44. Gran importancia tienen asimismo sus escritos de retórica De oratore (Del orador, 55) y Brutus (Bruto, 46). Mención aparte merecen sus cartas, que proporcionan valiosos datos sobre la vida particular del autor.



En la prosa histórica quedan como modélicas por su concisión las obras de Cayo Julio César (100-44 antes de Jesucristo): Commentarii de bello Gallico (Comentarios a la guerra de las Galias) y Commentarii de bello civili (Comentarios a la guerra civil). El hecho de estar escritos en tercera persona les confiere objetividad e imparcialidad.

Cayo Salustio Crispo (¿86-35? a. de J.C.) es historiador muy distinto de César. Renunciando a lo objetivo, imprime dramatismo a sus relatos y saca de ellos consecuencias morales y políticas. Sus creaciones principales se refieren a hechos que conocía directamente: De coniuratione Catilinae (La conjuración de Catilina), sobre la ambición de dicho personaje, objeto también de los ataques de Cicerón, y en general del bando aristocrático, y Bellum lugurthinum (La guerrade Yugurta), sobre la guerra entre Roma y el rey de Numidia. Su estilo, grandilocuente en ocasiones, es más agitado y enérgico que el de César.

Cornelio Nepote (¿99-24? a. de J. C.) se especializó en la confección de biografías de hombres ilustres. Dos de las más logradas son las de Catón y Cicerón.

martes, 4 de agosto de 2015

La literatura Griega en la época bizantina y en la época moderna

Época bizantina

El imperio bizantino recoge la herencia cultural del mundo helenístico y su literatura aparece como una continuación de la alejandrina. Se extiende desde el Siglo IV. en que la ciudad de Bizancio se convierte en capital del Imperio romano, hasta su conquista por los turcos (1453). Los géneros que cultiva se parecen sensiblemente a los de la literatura helenística. Descuellan los estudios de filología, historia, geografía, ciencias exactas y teología; el campo menos explotado es el de la pura creación literaria.

El número de los literatos en sentido amplio asombra, aunque sus nombres sean poco conocidos. La prosa religiosa tiene a sus principales cultivadores en Juan Moscos (m. 619), san Juan Clímaco (¿579-649?) y san Juan Damasceno (¿676-753?), autores de tratados místicos y ascéticos. Entre los muchos historiadores, quizá el más interesante sea una mujer, la princesa Ana Comneno (1083-1150), que redacta unas crónicas de los hechos más notables de su padre Alejo Comneno, de forma algo parcial en ocasiones.

Época moderna

La toma de Constantinopla por los turcos otomanos en 1453 produce un grave colapso en el desarrollo de la cultura bizantina, que se había proclamado heredera de la griega. En poco tiempo, los conquistadores consiguen apoderarse de toda la Grecia continental y zonas adyacentes.
A pesar de la adversa situación política, la literatura en griego se mantiene en distintas zonas, si bien con características diferentes. Así, en Constantinopla es erudita y culta, y utiliza una lengua arcaizante, mientras que en las islas, alejadas de la influencia turca, se transforma en popularizante.
Esta situación se mantiene hasta la independencia de Grecia, acaecida en 1829, fecha en la que comienza la literatura griega moderna. Los primeros escritores de fama son Dionisios Solomos (1798-1857), poeta de inspiración popular, ferviente patriota y autor del poema que llega a ser la letra del himno nacional griego, y Andreas Kalvós (1792-1867), de formación clásica y tono más elevado, especialmente en las odas.
A pesar del ímpetu de los primeros escritores, las letras no se afianzan hasta finales del siglo xix y primeros años del actual. El principal poeta de esta época es Rostís Palamás (1859-1943), cultivador de toda clase de versos, siempre en lengua popular y sobre temas de igual índole. Uno de sus libros más difundidos se titula I asáleftizoí (La vida inmutable, 1904). Su aguda percepción de lo helénico le lleva a componer un exaltado poema épico, Hi flojera tu vasiliá (La flauta del rey, 1910). Otros poetas delmismo periodo son Georgios Drosinis (1859-1951), lírico y expresivo en Klistá vléfara (Párpados cerrados, 1917), y Constantinos Kavafis (1863-1933), decadente y sensual, cuyas poesías se recopilan póstumamente.

Entre los prosistas, Janís Psikharis (1854-1929) logra imponer como lengua literaria el griégo vulgar (demótico o neohelénico) gracias a sus obras, que gozan de gran difusión, como To taxidhi mu (Mi viaje, 1888). A Arghiris Eftaliotis (1849-1923), seudónimo de Kleanthis Mikháilidis, se deben vivos cuadros de costumbres sobre la vida en las islas griegas. Gregorios Xenopoulos (1862-1951), muy famoso en su época, crea la novela naturalista con Margarita Stefa (1893); es escritor muy prolífico de dramas y novelas costumbristas. Otros novelistas de esta época son Paulos Nirvanas (1866-1937), seudónimo de Pc- tros Apostolidis, Andreas Karkavitsas (1866-1922), Constantinos Khristomanos (1867-1911) y Constantinos Theotokis (1872-1923), padre de la novela de tendencia social.
Al siglo xx propiamente dicho pertenecen los poetas Apostólos Melakhrinos (1880-1952), de inspiración simbolista, Angelos Sikelianós (1884-1951), de hondas raices helénicas, forjador de una poesía de género panteísta, y, sobre todo, Georgios Seferis (n. 1900), Premio Nobel en 1963, cantor de lo cotidiano, que utiliza un lenguaje sencillo y directo.

Los prosistas más destacados son Thrassos Kasta- nakis (n. 1901), Elias Venezis (n. 1904), que describe con crudo realismo escenas de la guerra, y Nikos Kazantzakis (1885-1957), el más célebre de los escritores griegos contemporáneos, creador versátil: teatro, varios tomos de poemas, entre ellos una imitación de la Odisea, en más de treinta mil versos (1938), ensayos y, principalmente, novelas, base de su éxito, como Bios kaípoliteia tu Alexi Zormpa (Vida y hechos de Alexis Zorba, 1946), historia de un pintoresco personaje, encarnación del espíritu griego, y O Kristos xanastauróneta (Cristo de nuevo crucificado, 1954).

La literatura griega en la Época Clásica


La literatura griega

El monumento más importante de la poesía griega, y uno de los más insignes de la literatura universal, se atribuye a Homero. Se trata de las epopeyas llamadas Iliada y Odisea.

Todavía es una incógnita su autor en lo que se refiere no solamente a su biografía, de la que se tienen distintas versiones, sino a su función en la elaboración de las magníficas obras. Resulta mucho más importante el segundo punto, sobre el que existen discrepancias. Frente a los que opinan que Homero unificó una serie de elementos dispares transmitidos por la tradición, se encuentran quienes afirman que ambas epopeyas se deben a un autor distinto en una forma primitiva —perdida—, y que han llegado hasta el presente muy ampliadas por continuadores. La unidad que se observa en ambas, especialmente en la Iliada, inclina a los expertos a pronunciarse por la primera posibilidad: la del poeta unificador de tradiciones anteriores.

No obstante, esa unificación se ha llevado a cabo con genio innegable, y Homero aparece no simplemente como hábil colector que hilvana historias ajenas, sino como gran poeta que maneja de modo magistral la información que le proporcionan la historia, la leyenda y la tradición.


La Ilias (Ilíada) es, sin duda, el más antiguo de los poemas épicos. Si bien su tema central y aglutinador es la cólera del héroe —Aquiles—, se encuentran subyacentes otros, como el culto a los muertos, tradiciones religiosas locales, etc., sobre los que planea indefectiblemente la divinidad, en forma de distintos dioses que intervienen de manera directa en la vida de los hombres. Su argumento es bien conocido: el sitio de Troya por diversos monarcas griegos y la toma de la ciudad. Este argumento motiva vivas descripciones de batallas y reuniones de los jefes de ambos bandos, asçi como pasajes de gran belleza y emoción, como la muerte de Patroclo, amigo de Aquiles, la despedida de Héctor y Andrómaca, la petición por parte del atribulado Príamo del cadáver de Héctor, su hijo, etc.

Muy diferente es la Odiseia (Odisea), en la que se relata el viaje de regreso de Ulises (Odiseos, en griego) a Itaca, tras su participación en la guerra de Troya. A diferencia de la Iliada, consta de varios episodios, por lo general inconexos, en los que se describen las aventuras y peripecias del héroe hasta su llegada a la isla natal. Son particularmente conocidos los episodios del cíclope, el de la diosa Circe, que convierte a los hombres en animales, el de las sirenas y el de Penélope, esposa del héroe, que deshace por la noche la labor de su telar para posponer el cumplimiento de su boda con el pretendiente que elija. A la afición a lo fantástico que se aprecia en la Odisea, se suma una intención moralizadora que no se encuentra en la Iilada. Si en ésta los dioses manejan la vida de los mortales a su antojo, en aquélla los humanos se presentan como los únicos responsables de sus actos, y recibirán, en consecuencia, el premio o castigo correspondiente.


Si estas epopeyas fueron o no escritas por Homero carece, hasta cierto punto, de importancia, pues lo
que realmente interesa es su valor artístico. Atribuidos a Homero, aunque con toda seguridad no le pertenezcan, se conservan algunos himnos a los dioses. Los más bellos se consagran a Apolo, Deméter, Hermes y Afrodita.

Un tono moralizante adopta Hesíodo, otro de los grandes poetas primitivos helénicos, que escribe en el último tercio del siglo vil a. de J.C. Su poema de Erga kai emerai (Los trabajos y los días) es la descripción realista de las laenas agrícolas, se le atribuye una Theogonia (Teogonia), interesante para el conocimiento de los dioses griegos.

La primitiva poesía lírica de la Hélade se interpretaba con acompañamiento musical. No se han conservado las melodías, pero sí los textos. Entre los primeros poetas conocidos, ocupa lugar prominente Safo de Lesbos, que vive en el último tercio del si-glo vil y principios del vi a. de J.C., y canta el amor con acentos apasionados. Anacreonte (560-475 antes de Jesucristo) se distingue por sus cortos y graciosos poemas sobre el amor y los deleites sensuales. Más ilustre y de mayor influencia es Píndaro (518-440? antes de Jesucristo); sus principales obras, odas triunfales, se escriben con ocasión de los juegos atléticos, y se dedican a los vencedores, casi siempre aristócratas o ricos hacendados. Sus composiciones, además de su carácter encomiástico, tienen una nota moralizadora: insisten en la inestabilidad de la gloria y la caducidad de las cosas humanas.

Os dejamos un minidocumental sobre la Odisea


miércoles, 1 de julio de 2015

La literatura inglesa en el Siglo XVII




Nuestros amigos de ossusacademy.com, una de las mejores academias de inglés en Madrid, nos han preparado este interesante artículo sobre la literatura inglesa del Siglo XVII, vamos al lío:

La poesía del siglo XVII, es decir, de la parte de la centuria comprendida entre el Final del período isabelino y el comienzo del XVIII, está dominada por John Milton (1608-1674). Autor de varios sonetos y odas, Milton debe su fama al mejor poema épico de la literatura inglesa, el Paradise Lost (Paraíso perdí do, 1667). Relata en él, con infinidad de episodios secundarios, el pecado de Adán y Eva en tono por lo común elevado y en ocasiones sublime. Su majestuosidad no estorba que se perciba su íntimo lirismo y su latente humanidad. Como continuación del Paraíso perdido, escribe PaRegained (Paraíso recobrado, 1671), sobre la Redención, de menor aliento poético.

Escritor prolífico y variado, John Dryden (1631-1700) no sobresale en ningún género, como no sea en la sátira, y ello gracias a su facilidad de versificación. Presenta varias obras teatrales y un tratado sobre el arte dramático, de gran interés.

De fondo religioso y moral son las obras de John Bunyan (1628-1688), entre las que se agiganta grim's Progress (Caminar del peregrino), publicada en dos partes (1675 y 1684), narración con personajes alegóricos.

Especial interés tiene, en prosa, el Diary (Diario) de Samuel Pepys (1633-1703), escrito en clave y descifrado y publicado en 1825, en el que se relatan acontecimientos de la vida cotidiana del autor.




El teatro inglés de los últimos años del siglo XVII y primeros del XVIII se halla bajo la influencia de los grandes dramaturgos franceses: Corneille y Racine en la tragedia, y Moliere en la comedia.

Entre los trágicos hay que mencionar a Thomas Otway (1652-1685), autor de Venice Preserved or a Plot Discovered (Venecia salvada o la conjura descubierta, 1682), y a Thomas Southerne (1660-1746), cuya obra más celebrada se denomina The Mourning Bride (La esposa de luto, 1697).


Los comediógrafos más ilustres son William Wycherley (1640-1716), con The Plain Dealer (El hombre de bien, 1674), imitación del Misántropo de Moliére; William Congreve (1670-1729), cuya pieza más conocida se titula The Way of (El camino del mundo, 1700), y Nicholas Rowe (1674-1718), con Fair Penitent (La bella penitente, 1703).